El caso de James Barry, uno de los más distinguidos médicos de la historia británica, es al mismo tiempo un espectacular episodio de falsa identidad, que logró burlar el estatus quo de una sociedad arcaica y abrió camino al reconocimiento de la mujer y sus derechos.

James Barry nació en Belfast, entre los años 1789 y 1795. Se doctoró en la carrera de Medicina de la Universidad de Edimburgo y se especializó con honores en cirugía, por lo que fue nombrado asistente médico del ejército británico. No tardó mucho en destacarse, en 1815, cuando fue destinado a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, distinción que le valió un nombramiento como médico personal del gobernador.

Sus exitosos métodos de higiene y prevención fueron pioneros en la historia de la medicina, aunque un temperamento aguerrido lo llevó a entablar múltiples enfrentamientos con funcionarios y oficiales del ejército. Sin embargo, en 1818, fue nombrado inspector médico colonial.

De regreso y transitoriamente en Inglaterra, ya contaba con un historial de proezas médicas bien conocidas, entre las que se destaca la primera cesárea exitosa de la historia. Entonces fue designado al frente del hospital militar de Santa Elena, paso previo a los servicios que prestó en Malta, Corfú, Crimea, Jamaica y Canadá.

Finalmente, tras jubilarse, falleció en julio de 1865, en Marylebone, Inglaterra. La sorpresa en el gobierno británico fue mayúscula, cuando, durante los preparatorios del funeral, fue descubierto que el brillante doctor James Barry era en realidad una mujer. Por entonces, la prensa ventiló su historia, la de Margaret Ann Bulkley, una mujer que incluso habría dado a luz en algún momento y que había recurrido al engaño para poder practicar la medicina, disciplina, como muchas otras, absolutamente vedada al sexo femenino.

Author

admin

Leave a Comment

Your email address will not be published. Marked fields are required.