Mundo Cool

Publicado en mayo 26th, 2016 | Por Fatima Arrue

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Miles Davis, ‘el Picasso del jazz’

Cuando se cumplen 90 años de su nacimiento, el mundo sigue escuchando al genial trompetista.

A diferencia de leyendas del jazz como Ella Fitzgerald o Louis Armstrong, quienes crecieron en medio de la pobreza y entregaron al mundo lo mejor de su arte después de torcerle el cuello a la desgracia, Miles Dewey Davis III, nacido el 26 de mayo de 1926 en Alton, Illinois, tuvo una niñez privilegiada. Su padre, Miles II, un próspero odontólogo, compró una hacienda en East St. Louis, al este del río Misisipi, y allí se estableció con él, su madre Cleota y sus hermanos Dorothy y Vernon. Davis, quien encarnó como nadie el espíritu frenético y vanguardista de Nueva York, donde vivió y triunfó como celebridad musical e ícono de estilo, se crió en la tranquilidad del campo y fue además un excelente jinete.

Pero la buena fortuna de su padre no pudo librarlo del racismo imperante en el sur de Illinois y desde muy niño, él y su familia padecieron los insultos callejeros y los vejámenes sociales de la comunidad blanca. La hostilidad de aquel entorno hizo del pequeño Miles un niño independiente, crítico y sagaz, siempre rebelde ante la autoridad. Tal era su agudeza que con apenas seis años le plantó cara a su madre al salir de la iglesia preguntando con el ceño fruncido: “¿Por qué me siguen llamando pecador si yo no he hecho nada malo?”. Al no recibir una respuesta satisfactoria, decidió no regresar.

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Después de pasar por la banda escolar, donde una vez más se estrelló con los prejuicios raciales (“me enfurecí tanto que decidí superar a cualquier blanco con mi trompeta”, recordaría más adelante), Miles se inscribió en el sindicato de músicos y obtuvo permiso para tocar profesionalmente a los dieciséis años.

Realizó sus primeras presentaciones en clubes sociales, iglesias y eventos del área de St. Louis, y debutó en junio de 1943 junto a los Blue Devils. Al año siguiente, una vez graduado de Lincoln High, emprendió el vuelo a Nueva York tras la huella de Charlie Parker, el músico más vanguardista del momento. St Louis se había convertido en una ciudad demasiado pequeña para sus aspiraciones.

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Entre 1965 y 1971, Davis cristalizó el segundo periodo creativo de su carrera con álbumes como Miles in the sky, Filles de Kilimanjaro, In a silent way y el aclamado Bitches brew. “En dos años de actividad frenética (1960 y 1970), grabó material suficiente para diez álbumes y sentó las bases para el movimiento de fusión jazz-rock”, anota Carr.

Después de superar problemas de salud a comienzos de los ochenta, y de salir de un largo periodo de encierro, drogas y oscuridad que nuevamente lo alejó de la música, Davis volvió con éxito a su intensa actividad de giras, grabaciones y conciertos alrededor del mundo. Además de ser un gran aficionado al boxeo, encontró en la pintura el refugio perfecto para exorcizar sus demonios y olvidarse, al fin, de los malos hábitos. El trompetista realizó varias exposiciones individuales en Estados Unidos, Japón y Alemania, y el artista Jean-Michel Basquiat le rindió tributo en varias de sus obras.

En 1984, Miles Davis fue el primer músico no clásico en recibir el prestigioso Premio Sonning, y el gobierno francés le otorgó el título de Caballero de la Legión de Honor en 1991. El ministro de Cultura de entonces, Jack Lang, lo llamó “el Picasso del jazz” y declaró que Davis había “impuesto su ley en el mundo del negocio del espectáculo: intransigencia estética”. En septiembre de ese año, sufrió una recaída de neumonía y cuando los médicos le dijeron que tenían que entubarlo para ayudarle a respirar, el artista entró en cólera y sufrió un infarto masivo que lo dejó en coma por varios días. Murió en Santa Mónica, California, a los 65 años de edad.

Como instrumentista, compositor y director, fue un líder y un trasgresor con un olfato asombroso para descubrir jóvenes talentos. Su desarrollo del quinteto y su participación directa en la gestación de géneros como el cool, el hard bop, el jazz modal y el jazz-rock, son claro ejemplo de su capacidad innovadora y del inconformismo que abanderó a lo largo de más de cincuenta años de carrera.

Al tocar con su trompeta las fibras más profundas del ser humano, reveló al mundo una nueva sensibilidad cuyos destellos estéticos evocan el auge del Renacimiento y su regreso al hombre como suprema fuente de creatividad. Guardadas las proporciones, eso fue exactamente lo que hizo Miles Davis a lo largo del siglo XX: concebir un sonido tan único, tan nítido y tan bello que se elevó desde lo más íntimo a lo más universal.

vía:

www.eltiempo.com

JUAN MARTÍN FIERRO*
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
* Periodista e investigador musical.


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