Noticias

Publicado en Abril 1st, 2015 | Por Rhynia Moreno

0

75 años del mejor jazz

  • El mítico sello de jazz se hace ‘mayor’ y lo festeja con un volumen de 400 páginas ilustradas.

Donad Byrd en las sesiones para la portada de 'The cat walk'...

El paso del tiempo no hace sino confirmar que el deseo permanente de éxito fácil e inmediato nos está alejando de las verdaderas razones de nuestra existencia. En cuanto a cultura se refiere, lejos quedan los tiempos en los que el hecho artístico era la piedra angular de toda actividad profesional, la emoción primera de cualquier movimiento. Estos días llega a nuestras estanterías un libro que conmemora el 75º aniversario de uno de los sellos capitales del jazz,Blue Note, que nacía en 1939 de la fascinación por este género de su fundador, Alfred Lion. Se trata de una valiosa publicación en la que se relata la trascendencia de esta compañía en la historia moderna del jazz, no sólo del jazz, sino de otras tendencias culturales como el diseño.

‘Blue Note Uncompromising expression’ es un espectáculo de libro publicado en nuestro país por la editorial Blume, con 400 páginas ilustradas y un indudable valor documental (60 euros). El ejemplar está escrito por el periodista y promotor Richard Havers, un profesional de la aeronáutica atrapado por el veneno de la música que ha firmado proyectos parecidos en torno a la también legendaria discográfica Verve.

“Los fundadores de Blue Note crearon un modelo que han seguido otras compañías. Pero, sobre todo, el toque distintivo en el negocio discográfico es su autenticidad, que nace de la sólida creencia en la importancia de hacer bien las cosas”. Wayne Shorter, antiguo artillero de Miles Davis y hoy gigante sin competencia del género, presume a su manera del quehacer vivido en primera persona de los directivos discográficos del sello, sumándose a un apartado de prólogos que luego completa una joven estrella, el pianista Robert Glasper, y el actual presidente de la compañía, Don Was.

En esas primeras páginas, el lector ya intuye el espectáculo de libro que tiene entre sus manos, con varios collages de históricas portadas del catálogo de la nota azul. En este sentido, y contenidos jazzísticos al margen, las cuidadas producciones que incluían textos y diseños audaces, realizados por autores reputados como Reid Miles o Andy Warhol, y la intuición jazzística de Lion y Wolff, hicieron de Blue Note (marca que, ya se sabe, alude a la nota azul empleada para construir algunos de los giros melódicos más comunes del blues) el mejor sello independiente de jazz hasta finales de los 60. El calificativo encontró justo refrendo en el sonido exquisito de sus grabaciones y la calidad de sus producciones.

El libro, estructurado en siete capítulos, que recorren la historia del sello desde sus inicios hasta la actualidad, incluye en este sentido un rosario excelso de fotografías hermosas, tanto por su estética como por su valor documental, muchas de ellas firmadas por el que luego se sumaría, junto a Alfred Lion y su socio capitalista, el escritor, Max Margulis, como co-fundador de la compañía, el también alemán y judío Francis Wolff. A este respecto, se suele decir que Blue Note no nació en Estados Unidos, sino en Alemania, por el origen de Lion y Wolff, que desembarcaron en el continente americano huyendo del auge de Hitler y el nazismo. Lion lo hizo en 1938 y Wolff en 1939, año de la primera grabación del sello, una sesión fechada el 6 de enero con dosis concentrada de boogie-woogie a cargo de los pianistasAlbert Ammons y Meade Lux Lewis. Blue Note se hacía realidad.

Ese mismo año la compañía obtiene su primer gran éxito con la grabación de una versión de ‘Summertime’ a cargo de Sidney Bechet. La producción de discos empezó siendo muy bajita, vendiéndose a un dólar y medio en tiendas como Commodore, en Manhattan, regentada por otro melómano del jazz, Milton Gabler. La pasión de Lion, Wolff y Margulis por el jazz era absoluta, planteando en sus inicios las grabaciones a altísimas horas de la madrugada, las tres, cuatro de la mañana, ya que el precio del alquiler de los estudios bajaba y se daba tiempo a los músicos a hacer sus bolos en los clubes de Harlem y de la Calle 52. El ambiente era distendido, natural, auténtico, y eso se transmitía en el resultado final. La segunda grabación, sin ir más lejos, la que tuvo lugar con el grupo Port of Harlem Six se llevó a cabo a partir de las cuatro y media de la madrugada.

Los tres fundadores de Blue Note hacían un buen equipo: Margulis, las cuentas; Lion, las producciones musicales; y Wolff, el diseño gráfico y la publicidad. Este último deja a las claras sus intenciones: “La gente decía que sólo grabábamos lo que nos gustaba, y era verdad. Sólo que yo siempre añadía tres palabras: ‘with a feeling’“. El trío llegó incluso a elaborar su propio ideario, firmando el llamado ‘Manifiesto Blue Note’: “Los discos de Blue Note están concebidos exclusivamente para servir sin concesiones a la expresión del hot jazz y el swing en general… Los discos de Blue Note identifican su impulso, no los ornamentos sensacionalistas y comerciales“. Cómo ha cambiado el cuento.

A partir de ese momento, una ilustre nómina de álbumes y autores se encargaron de lucir todo el esplendor que hoy se le concede al sello:Thelonious Monk, Bud Powell, Sonny Rollins, Horace Silver, John Coltrane, Herbie Hancock, Jimmy Smith, Art Blakey, Dexter Gordon, Joe Lovano, Lee Morgan, Eric Dolphy, Jackie McLean y un largo etcétera rematado por talentos recientes como Norah Jones, Jason Moran, Robert Glasper, Medeski, Martin & Wood, José James o Gregory Porter, entre otros.

Revolución estética en las portadas

Por supuesto el libro relata la evolución del sello conforme el jazz crece en otras direcciones, léase bebop, cool jazz, post bebop, free jazz, fusión. Hecho clave en la grandeza de Blue Note como sello resultan los diseños de las portadas de los discos, realizadas por artistas e ilustradores como Paul Bacon, John Hermansader, Gil Mellé y, principalmente, Reid Miles, al que, por cierto, a pesar de la audacia de sus creatividades, el jazz le interesaba entre poco y nada. Fue tal la revolución estética que marcaron sus diseños que el mismísimo Andy Warhol colaboró incluso en algunos álbumes de jazzistas como Kenny Burrell o Johnny Griffin.

Reid Miles introdujo numerosos conceptos estéticos que suponían una ruptura total con los diseños discográficos empleados hasta el momento, instaurando una nueva relación entre arte y fotografía y música realmente vanguardista, hasta el punto de que su influencia sigue marcando el actual trabajo de ilustradores de discos.

Decisiva en la historia de la compañía fue la llegada a finales de 1953 del ingeniero de sonido Rudy Van Gelder, para hacerse caro de buena parte de las grabaciones. Francis Wolff resumió en alguna ocasión el éxito de Blue Note aunando todas estas variables: calidad de la música e intérpretes, impecables producciones y espectaculares diseños de las portadas. La incorporación de Van Gelder, que empezó grabando a los artistas en un pequeño estudio que tenía en su casa, se traduciría en la década dorada de Blue Note, la de los años 50, registrándose en esta época hasta unas8.000 referencias.

A través de las páginas de ‘Uncompromising expression’ también descubrimos las claves de la decadencia del sello en la década siguiente, en la que Blue Note es absorbida por Liberty Records, que cambiaría algunos esquemas de trabajo, apoyando su catálogo sobre todo en propuestas de fusión claramente comerciales.

Tas la muerte en 1971 de Wolff, y con Lion retirado por problemas de salud -morirá en 1987-, Blue Note es adquirido en los años 80 por la multinacional EMI; hecho que se acompaña de la recuperación del prestigio de la compañía. Ello obedece a la apuesta por nuevas estrellas del jazz como Bobby McFerrin, John Scofield, Michel Petrucciani o Stanley Clarke, y a la buena gobernanza de directivos como Lundvall y Michael Cuscuna. Esta suma de factores devuelve a Blue Note toda la gloria discográfica perdida, amplificada después gracias a éxitos como el que en 1992 protagonizaría el grupo US3 y su versión del famoso ‘Cantaloupe Island’ de Herbie Hancock.

Este largo y decisivo periplo jazzístico también se puede contrastar con el documental ‘Blue Note. A History of Modern Jazz’, del actor y director alemán Julian Benedikt. La cinta da cuenta de la historia de Blue Note a lo largo de 90 minutos, en los que, además de testimonios cinematográficos, se incluyen entrevistas con personajes vinculados al jazz, como el ingeniero Rudy Van Gelder, el cineastaBertrand Tavernier, el jugador de baloncesto Kareem Abdul-Jabbaro el fotógrafo William Claxton. No obstante, la mejor lectura que puede hacerse de esta historia, evidentemente, es disfrutar de todo su catálogo.

Discos de cabecera como ‘Jazz Classics Vol.1’, de Sidney Bechet; ‘Blue Train’, de Coltrane; ‘Newk’s Time’, de Sonny Rollins; ‘The Real McCoy’, de McCoy Tyner; ‘Ethiopian Knights’, de Donald Byrd; ‘The Sidewinder’, de Lee Morgan; ‘Song for my Father’, de Horace Silver; ‘The empty Foxhole’, de Ornette Coleman; ‘Speak no Evil’, de Wayne Shorter; ‘Out to Lunch!’, de Eric Dolphy; ‘Point of Departure’, de Andrew Hill; ‘Afro Cuban’, de Kenny Dorham; ‘Moanin”, de Art Blakey; ‘Back at the Chicken Shack’, de Jimmy Smith; ‘Soul Station’, de Hank Mobley; ‘Something else’, de Cannonball Adderley; ‘Destination Out!’, de Jackie McLean; ‘Maiden Voyage’, de Herbie Hancock; ‘Genius of Modern Music Vol. 1 y 2’, de Monk… La lista de joyas discográficas puede llegar a ser inacabable…

En este tiempo los recopilatorios y relanzamientos están a la orden del día, como la magnífica caja de siete discos dobles que la compañía publicó con motivo de su 60º Aniversario, ‘The Blue Note Years’, un total de 14 discos, cerca de 150 temas, más de 16 horas de música y medio centenar de jazzistas líderes.

Blue Note hoy trasciende los meros márgenes de la industria discográfica al convertirse en algo más que una marca o una patente, presente también en una amplia red internacional de clubes; se trata de una actitud ante la música que, aunque el paso del tiempo haya variado o evolucionado algunas de sus esencias, tiene que ver con el amor al buen jazz, a la buena música.

Fuente: http://www.elmundo.es/


Acerca del autor



Comentarios cerrados

Volver al principio ↑