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Publicado en agosto 26th, 2015 | Por Fatima Arrue

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101 años de un genio: Julio Cortázar

Considerado uno de los escritores más destacados del siglo XX. Hoy se cumplen 101 años de su nacimiento.

Hijo de padres argentinos, Julio Cortázar nació en Bruselas en 1914 y residió en Buenos Aires desde los cuatro años. Bajo el seudónimo de Julio Denis publicó su primer libro de poemas, “Presencia” en 1938.

Gracias a una beca del gobierno francés, se instaló en Paris en 1951, donde se dedicó a las traducciones para mejorar su situación económica. Posteriormente se vinculó a la Unesco trabajando hasta su jubilación.

Además de numerosas novelas y escritos, sobresale su poema dramático «Los Reyes» en 1949. Murió en Paris en 1984.

A continuación te dejamos algunos datos curiosos que todo cortazariano debe saber:

  • «”Rayuela” convirtió a Cortázar en algo que nunca hubiera querido ni soñado ser, una persona pública, a lo que se puede añadir el detalle de su falta de vanidad», contó su viuda Aurora Bernárdez, que se reunió en 2013 con el Premio Nobel, Mario Vargas Llosa en el marco de una conferencia enmarcada dentro del ciclo «Cortázar y el ‘boom’ latinoamericano», que desveló la influencia de esta novela en la vida del autor argentino.

    La también traductora argentina ha señalado que «’Rayuela’ cayó como una bomba. Además le salieron muchos ‘adversarios’ que seguían atentos al otro Cortázar, al de los cuentos, que no es ni mejor ni peor, sino otra visión».

  • Contó el escritor Jesús Marchamalo, cortazariano convicto y confeso, que el escritor era un obseso de la edición cuidada y limpia de erratas. Un maniático en señalarlas, y una pantera desbocada si el texto estaba repleto de ellas; las corregía de forma atenta y minuciosa.
  • Quería que la escritura y la vida fueran utópicas e intensas pero, sobre todo, auténticas, y las cartas fueron el gimnasio perfecto de su expresión. Estas cartas se recopilaron en un libro del mismo nombre.

  • Su vocación era la marina y quería ser músico.
  • Cortázar leía demasiado, como era de esperar de todo buen escritor, pero aparentemente esta genial virtud no fue bien vista por su director de Educación Primaria, que le hizo una fatídica petición a la madre del genio: ¡Que le racionen los libros! Ese día, Julio Cortázar supo que el mundo estaba, está, y estará, repleto de idiotas.
  • ¡Era un amante del Jazz! «El jazz me enseñó cierta sensibilidad del “swing”, de ritmo en mi estilo de escribir. Para mí las frases tienen un “swing” como lo tienen los finales de mis cuentos…» declaró en su momento.

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Y si aún no lo estás, aquí te dejamos unos textos para que te “enamores” de Cortázar:

“No sabré desatarme los zapatos y dejar que la ciudad me muerda los pies, no me emborracharé bajo los puentes, no cometeré faltas de estilo.   Acepto este destino de camisas planchadas, llego a tiempo a los cines, cedo mi asiento a las señoras. El largo desarreglo de los sentidos me va mal, opto por el dentífrico y las toallas. Me vacuno. Mira qué pobre amante, incapaz de meterse en una fuente para traerte un pescadito rojo bajo la rabia de gendarmes y niñeras.”


“Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento. Necesito esa puerta que me dabas para entrar a tu mundo, ese trocito de azúcar verde, de redondo alegre. ¿No me prestás tu mano en esta noche de fìn de año de lechuzas roncas? No puedes, por razones técnicas. Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo, el durazno sedoso de la palma y el dorso, ese país de azules árboles. Así la tomo y la sostengo, como si de ello dependiera muchísimo del mundo, la sucesión de las cuatro estaciones, el canto de los gallos, el amor de los hombres.”


“Te desnudé entre llantos y temblores sobre una cama abierta a lo infinito, y si no tuve lástima del grito ni de las súplicas o los rubores,   fui en cambio el alfarero en los albores, el fuego y el azar del lento rito, sentí nacer bajo la arcilla el mito del retorno a la fuente y a las flores.   En mis brazos tejiste la madeja rumorosa del tiempo encadenado, su eternidad de fuego recurrente;   no sé qué viste tú desde tu queja, yo vi águilas y musgos, fui ese lado del espejo en que canta la serpiente.”


“La lenta máquina del desamor, los engranajes del reflujo, los cuerpos que abandonan las almohadas, las sábanas, los besos, y de pie ante el espejo interrogándose cada uno a sí mismo, ya no mirándose entre ellos, ya no desnudos para el otro, ya no te amo, mi amor.”


“Me diste la intemperie, la leve sombra de tu mano pasando por mi cara. Me diste el frío, la distancia, el amargo café de medianoche entre mesas vacías.”


 

Hasta el cielo literario, ¡Feliz cumpleaños genio!

 

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